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Final Copa America Centenario 2016

El reloj marcó las 20:00 horas de Chile, y comenzaba la final de la Copa América Centenario. El humo invadía el aire de la ciudad de Santiago y respirar se hacía más pesado, pero poco le importaba a los millones de hinchas que se posicionaban frente a los televisores para mirar el partido de su selección.

El duelo era difícil, la Selección Argentina se agolpaba con presión sobre el juego de Chile. Al igual que en el primer partido del certamen, impedir la salida y la posesión del balón por parte de la roja, era la titánica tarea para los albicelestes.  Así fue como a los 22’ se concretó la primera llegada de Higuaín tras robarle la pelota a Medel, perdiendo la posibilidad al fallar en la definición.

Corrían los minutos y la batalla se acrecentaba, dividiendo equitativamente la tenencia de la pelota entre ambas escuadras, pero con el arbitraje del brasileño Heber Lópes en la mirada de todo el continente: luego de las amonestaciones a jugadores chilenos y la expulsión de Marcelo Díaz a los 28’, tras dos amarillas por falta sobre Messi, condicionaba el partido dejando a una de las escuadras con un hombre menos. La roja se reordenó con un 4-4-1 que bastó para mantener la calma en el campo de juego. A los 43’, se equipararían las cosas con la expulsión de Marcos Rojo, quien entró con una falta grotesca sobre Arturo Vidal. Así se iba el primer lapso con algunas llegadas para ambas escuadras, pero nada con verdadera profundidad.

La segunda parte no fue muy distinta, pues la tensión hizo avanzar los minutos de un partido que empezaba a demostrar dominio chileno con un par de llegadas claras que Romero logró contener, pero ninguna verdaderamente preocupante para los trasandinos, lo que hizo transcurrir el tiempo hasta el final del encuentro con la clara sensación  de que habría alargue. Y así fue, hasta llegar a un final conocido: definición a penales, los mismos porteros y el mismo torneo.

Transcurrió la tanda con las increíbles fallas de Vidal, que jugó como un gigante, y Messi, el mejor jugador del mundo. Hasta que le tocó definir al modesto Francisco “Gato” Silva, quien tuvo la frialdad de poner su firma en la historia y de inmortalizarse para siempre en la cruda historia del balompié nacional.

Terminado el partido, fueron miles de chilenos los que se agolparon a las calles. En Santiago, las principales arterias se transformaron en un peregrinar interminable de vehículos que se dirigían a Plaza Italia, donde las celebraciones  transformaron el centro de la capital en un mar de gente que se agolpó a celebrar hasta altas horas de la madrugada, cuando la autoridad decidió poner fin a la algarabía popular que ya se hace costumbre tras los encuentros de la selección.  Lo mismo sucedía en las diferentes regiones a lo largo del país.

La escena se repitió en el país anfitrión. Times Square, en New York, fue el escenario de la celebración chilena que se extendió hasta las 3:00 am aproximadamente, momento en que la policía de la ciudad decidió poner fin a la fiesta para  restablecer el tránsito vehicular.

Lo anterior se debe a un grupo de jóvenes provenientes de los barrios más humildes,  quienes le brindaron  al pueblo chileno la oportunidad de abrazarse en dos ocasiones en menos de un año.

Estos jóvenes, criados como la mayoría de los chilenos, abrazaron la idea de que se le puede ganar a cualquiera, y generan en su gente las emociones más nobles que puede traer el deporte: el abrazo de gol, una familia que sale a la calle empuñando una bandera, el hermoso y ensordecedor estruendo de un pueblo de fiesta. Todo como resultado de un país agradecido y conmovido por el esfuerzo de una treintena de deportistas que ha luchado por brindarle una sonrisa a los suyos. Vaya para ellos el agradecimiento de un país conmovido.

Texto: Felipe Álvarez Mora

INFO

Fotógrafo: Migrar Photo